jueves, 15 de diciembre de 2011
Como dijo el cura
Una de mis expresiones comunes favoritas es la de:
Como dijo el cura….’Ta cabrón…
Me gusta que me pregunten el por qué de dicha aseveración. La verdad es que se la copié a mi abuelita, que a menudo al escuchar algún dilema o problema remataba contestando:
Como dijo el cura…..
La historia que me contó mi mamá (abuelita) es la siguiente:
En un pequeño pueblo de la república, como muchos que hoy aún existen, un anciano sacerdote , a quien llamaremos el padre Juan, estaba en la sacristía de la iglesia leyendo correspondencia. Estaba muy concentrado en lo que fuera que estaba haciendo cuando entró el sacristán a la sala. Se veía turbado y con la voz con cierta alarma le dijo:
Padre, creo que hay problemas. Hay un indito allá afuera diciendo palabras impropias en voz alta. Ya se quejó conmigo Doña Eufrasia. Ya fui a reclamarle pero no me hace caso. Padre, vaya a ver si usted puede hablar con él o sacarlo.
El cura volteó a verlo. Por su cara se pudo dar cuenta que nuevamente él tendría que ir a resolver algo que probablemente no siquiera era un problema. Se levantó de la silla y se encaminó hacia el atrio, donde frente al altar de la Virgen de la Inmaculada se hallaba aquél que tanto escándalo provocaba. Y sí, ahí lo vio, Un hombre estaba de rodillas frente al altar, a su lado un morral descansaba en el suelo, el sujeto miraba la imagen mariana con mirada suplicante y decía en voz alta:
‘Ta cabrón virgencita. ‘Ta cabrón!...
Tales palabras lo estremecieron por la vehemencia con que las decía. El sacerdote se hincó junto él. El hombre no pareció notar su presencia. El padre Juan siempre se había distinguido por su carácter afable y de tener una verdadera vocación sacramental.
¿Qué te pasa hijo? Parece que algo grave te pasa. Vamos, dime, vamos a ver si te puedo ayudar.
El hombre se volteó para mirar al padre. Su mirada era limpia, pero sus ojos saltaban con inquietud.
Padrecito, disculpe padrecito, pero es algo que yo crio que nomás la virgen me puede ayiudar.
A ver, dime de qué se trata, tratemos de untos buscar la ayuda de Nuestra Santa Madre.
El padre Juan pudo sentir la mirada de desaprobación que les dirigían Doña Eufrasia y otras dos beatas que murmuraban con el rosario en la mano.
Padrecito, yo soy de Mata de la Manteada, míreme, soy indio muy indio, estoy casado, mi esposa también es india muy india y tenemos cuatro chamacos, todos inditos, como uno pues, pero mi último chamaquito nació ayer. Padrecito, m’ijo salió güerito, güerito con los ojos azules, muy azules. ¿Qué pasó padre? ¿Por qué salió así?
El cura lo miró estupefacto. No atinaba a decir nada, no se le ocurría algo que pudiera ayudar a ése hombre, algo que confortara la duda que lo atormentaba. Sólo alcanzó a decir:
‘Ta cabrón, hijo, ‘Ta cabrón.
Ésa es una de las historias que me contaba mi abuelita. Me gusta mucho y cuando a veces no encuentro algo coherente que decir, digo: “…como dijo el cura…”
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Héroes
¿QUIENES SON LOS HÉROES?
Estaba Con mis hijos viendo la televisión. Como son dos enanos, uno quería ver futbol y el otro una película del Hombre Araña. Empezaron a discutir quienes serían más heroicos, si los deportistas o los súper héroes, claro tienen 11 y 9 años. Me dejaron pensando.
¿Son heroicos los futbolistas que reciben un salario bastante agraciado por hacer por lo que se les paga? ¿Tal vez los héroes son esos que andan en mallas con los calzones por fuera? En mi opinión no. Heroico el que sale a trabajar a las 5 de la mañana en ayunas y dispuesto a pasar así 12 horas para llevar unas monedas a su casa. Heroicos los padres que se enfrentan a mil limitaciones, que aún se quitan el pan de la boca por dárselo a sus hijos. Heroico el que sale a barrer la calle a pesar del frío, la lluvia y el calor. Heroicas las madres que a pesar de su condición de salud se preocupan por su familia antes que nada. Heroicos los soldados que no saben si regresarán después de salir a su trabajo. Heroicos los que defienden los derechos de quienes no pueden defenderse, enfrentándose al poder fáctico. Heroicos los que hacen lo que sea para que sus hijos vayan a la escuela.
No quise decirles algo tan pesimista, no quiero traumarlos ni amargarlos.
- Los verdaderos héroes son quienes hacen lo correcto a pesar de los problemas que ello implica. Niños, estamos rodeados de héroes, los de a deveras son quienes nos rodean todos los días.
Se me quedaron viendo, y empezaron a contar de cosas que habían visto de personas comunes haciendo cosas notables. Así estuvimos un buen rato, hasta se les olvidó la televisión. No me considero un buen padre, soy normal, pero me gustaría que mis hijos fueran buenas personas y que pudieran apreciar que las personas valen no por cómo se vean o cómo hablen si no por sus acciones, por cómo son. Espero lograr trasmitírselo.
martes, 6 de diciembre de 2011
Ca de Mama Una historia real.
UNA ANÉCDOTA
Cuando me preguntan qué es lo que más me ha impresionado en mi carrera de médico a veces pienso que la gente quiere escuchar historias “gore” con mucha sangre y tripas y sesos desparramados. Reconozco haber visto bastante de todo eso, como para dos o tres números de Alarma!, pero lo que a mí siempre me ha dejado marcas es el espíritu humano ante la adversidad encarnada por el sufrimiento y la muerte.
Hacía yo mi internado de pregrado a finales de los años 80’s en un hospital público que en aquel entonces no tenía un volumen tan apabullante como ahora. Por mi gusto por la cirugía, había pasado casi 6 meses adscrito a quirófano donde pasaba casi todo el día, hasta la 7 de la noche que salía a cumplir mi guardia en hospital. Es por ésta razón que yo no pasaba visita ni en la mañana ni en la tarde a los pacientes hospitalizados. De tal manera que al salir de la sala de operaciones tenía que cotejar la lista de pacientes que me dejaban con los expedientes del área donde quedaba de guardia. Ésa tarde me toco Medicina y Cirugía mujeres.
Apenas empezaba a leer los expedientes cuando una enfermera entro de repente al área de internos, le decíamos la “pecera” porque estaba rodeada de 4 paredes de cristal.
- ¡Doctor!, ¡Doctor! Venga rápido por favor. Tengo una paciente con mucha dificultad respiratoria en el 14B.
- ¿De qué…?- No alcancé a completar la frase, ella se había salido tal como había entrado.
Busqué el expediente y salí rápido al pasillo leyendo en el camino. Se trataba de una mujer de 32 años que había sido operada hacía 3 meses de mastectomía radical derecha, le había extirpado la glándula mamaria, músculos y ganglios de la región, a causa de un diagnóstico de Cáncer de Mama grado III, avanzado. Había seguido con el curso de radioterapia y se hallaba en ése momento recibiendo quimioterapia, desafortunadamente el cáncer se negaba a ir y la paciente ya tenía datos de metástasis: en pulmones y pericardio. El pericardio es una membrana que envuelve al corazón con una cavidad virtual con líquido lubricante y de defensa. Pero una metástasis ahí produce líquido de manera ininterrumpida el cual al acumularse restringe la movilidad del corazón, “taponamiento cardiaco”, cuya manifestación es la dificultad respiratoria.
Por fin llegué a la habitación, ahí estaba la enfermera sosteniendo con una mano la espalda la paciente la otra sostenía una mascarilla de oxígeno. Era una mujer joven con cabello y ojos muy oscuros, que me miraron con una expresión de angustia, la frente cubierta de sudor. Sin decir nada me acerqué y puse mi estetoscopio en su pecho, pensé que era muy tonto preguntarle cómos e sentía. Pude escuchar su corazón a una velocidad antinatural, pero el sonido era velado como si latiera debajo del agua. Sólo alancé decir:
- Hay que tomar una radiografía y un electro, y avisarle al oncólogo
Más enfermeras se habían acercado, aunque no sabían que hacer exactamente, pero alguien ya había avisado al técnico de rayos x que entró con el aparto portátil, ayudado por todas logró tomar la radiografía. Yo seguía también sin saber que más hacer cuando entró el oncólogo, Dr. Aymerich, rápidamente le puso un oxímetro portátil y revisó a la paciente. Su cara era sombría. El aparato marcaba una saturación de oxígeno de 84%. No habían pasado ni 10 minutos cuando el técnico llegó extendiendo al médico la placa. Alcancé a ver una imagen blanca que ocupaba casi todo el tórax
- Hay que hacer una pericardiocentésis.
Le explicó a la paciente lo que se iba a realizar. Hacer una punción en el pecho con un aguja hasta llegar al pericardio y de ahí extraer el líquido que impedía el correcto funcionamiento del músculo. Técnica peligrosa por el riesgo de lesionar con la punta de la aguja el músculo cardiaco, lo que podría llevar a la muerte, pero era algo necesario.
Los ojos de la paciente lo miraron con entendimiento y con dificultad alcanzó a decir:
- Está bien doctor, haga lo que tiene que hacer, pero por favor… ¡Déjeme salir hoy! Nada más hoy. Tengo que comprarle uniformes a mis niños, tengo que hacerlo. ¡Por favor!
El médico le explicó que no era posible, que su vida corría peligro y que tenía que realizarse en ése momento. La paciente no contestó, el nivel de oxígeno en su sangre ya era demasiado bajo. Se preparó todo para realizar la técnica en la misma cama de la paciente. Fue necesario traer un monitor electrocardiográfico que se conectó a la paciente. Se colocaron los campos estériles, yo le ayudé al cirujano, infiltré el anestésico local. El doctor preparó una jeringa muy grande a la que colocó una aguja de pesadilla. Hizo penetrar la aguja muy lentamente guiándose con ambas manos, sin perder de vista el monitor mientras jalaba el émbolo. Pronto la jeringa empezó a llenarse de un líquido amarillo cetrino, una dos, tres, cuatro veces. La paciente empezó a respirar con menor dificultad. Estaba durmiéndose o perdiendo la conciencia cuando alcanzó a suspirar:
- Mis niños…mis niños…- Y se durmió, o tal vez se desmayó, no lo sé.
Terminó el procedimiento. El oxímetro marcaba 94% de saturación de oxígeno. Por las condiciones de la paciente fue necesario llevara a terapia Intensiva. Ahí fue necesario realizar lo mismo dos veces más, pero ella ya no salió. Falleció a la semana.
Veinte años después se me sigue haciendo un nudo en la garganta cuando recuerdo sus palabras, escuchar su preocupación”Mis niños, mis niños”, anteponiendo su deber y amor de madre sobre todo, aún a su propia vida.
Esa es una de las cosa que he vista que más me han marcado. Y siempre me hacen admirar el amor de una madre.
jueves, 12 de mayo de 2011
Carta de una Tamaulipeca a Ciro Gomez Leyva
EXCELENTE APRECIACION A MI JUICIO....MAS RESPETO PARA LOS QUE AQUI ESTAMOS DANDO LA CARA, AUNQUE NO TENGAMOS GOBIERNO EN EL ESTADO DE TAMAULIPAS.
Carta dirigida a:
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